Eduardo Sívori: Barboza fue esencial para el chamamé mundial

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El director de la fiesta nacional afirmó: “Fue indispensable para que nuestra cultura fuera declarada patrimonio de la humanidad”. Además, el funcionario destacó que es “considerado como uno de los mayores embajadores del género”. Falleció este miércoles en París.

Abrazó un instante de silencio, de paz, como esos genios que se regocijan en la serenidad para hallar inspiración o solo por momentos no pensar. Raúl Barboza llegó a su casa de París, se dirigió al living para alivianar su sueño en su sillón predilecto y el descanso se hizo eterno.

Durante su vida transmitió desde su corazón una música que excedía a todos, incluso a él. Como muy pocos, soltaba en cada respiración de sus fuelles los aromas auténticos de una genuina identidad litoraleña, de esas que los correntinos consideramos ñanderekó (nuestra manera de ser traducido del guaraní).

Y a pesar de su lejanía, de su constante derrotero por Europa y el resto de los continentes (tocó en los cinco continentes), el eximio compositor llevó siempre consigo la naturaleza de su infancia, los aromas de su niñez y el ambiente familiar y litoraleño que lo inspiró constantemente durante toda su vida.

Fue el encargado de ventilar esta cultura por los países que visitó, fue insistente con ello y eso permitió que el chamamé lograra reconocimiento y mayor aceptación mundial. “Fue indispensable no sólo para el chamamé y nuestra cultura, sino sensiblemente para que nuestro género sea incluido en la lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por Unesco”, explicó a época Eduardo Sívori, director de las Fiesta Nacional del Chamamé.

A esto agregó que no solo estaba muy pendiente en mantener la verdadera esencia conceptual de la Fiesta del Chamamé, sino que brindó un aporte significativo para la declaración de UNESCO. “Estuvimos muy cercanos en toda la previa a la declaración de patrimonio de la humanidad, muy cercano al embajador de Argentina en UNESCO, Miguel Ángel Hildmann, con quien trabajamos mucho en todo ese proceso”, dijo Sívori. Por último, resaltó que “Barboza fue el mayor embajador internacional porque fue el primero en instalar el chamamé en Europa y desde ahí a todos los continentes. Fue insistente y generoso con la difusión del chamamé”.

Ariel Báez: “Fue un faro para mí y un músico indispensable para el chamamé”

El chamamé se entristeció con la noticia del fallecimiento de Raúl Barboza en París. Y de inmediato, muchos referentes de este género musical lo recordaron y rindieron honores de maneras distintas. Uno de ellos fue el acordeonista e integrante de Los Alonsitos, Ariel Báez, que en diálogo con época destacó que Barboza fue “uno de esos grandes artistas, influyentes de nuestra cultura, pero de admirable sencillez.

En diálogo con este medio recordó cómo lo conoció y qué recuerda de él. “Cuando comenzábamos nuestro camino como Los Alonsitos, yo escuchaba mucho su música, lo tenía de ídolo a Barboza, tenía sus casetes, me encantaba escucharlo”, recordó Báez.

A esto el cantante y acordeonista agregó: “Me acuerdo que papá (Carlos Báez) me pedía para escuchar juntos, con unos mates y hablábamos de su música y a partir de ahí fue para mí, por su creatividad, por esa sensibilidad que transmitía, se sentía un cariño en sus melodías, en la manera de ejecutar el acordeón que admiraba”. Para Báez, durante toda su vida era frecuente consultas con el maestro Barboza.

“A partir de ahí, sentí que (Barboza) era un faro para mí, siempre lo seguí, buscaba escucharlo y aprender esa manera majestuosa de ejecutar el instrumento, además más allá de su talento como acordeonista y como músico, era una persona muy sencillo, muy humilde y muy generoso, pudiendo no serlo, digamos, y siendo un fenómeno como era”, dijo el alonsito.

Por último, agregó: “La verdad es que destaco eso de él, un tipo muy sencillo, muy cálido, con la palabra justa siempre. Y obviamente, me declaro admirador de él como instrumentista, como acordeonista”.

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