En tiempos de transición, los silencios suelen decir tanto como las declaraciones, y en el Ministerio de Salud de la Provincia, las cartas parecen estar echadas sobre la mesa de la lealtad política. Ricardo Cardozo, el ministro decano del gabinete correntino, rompió el hermetismo sobre su futuro inmediato de cara al recambio institucional del 10 de diciembre, cuando Gustavo Valdés entregue el mando a Juan Pablo Valdés.
Lejos de atornillarse al sillón que ocupa hace diez años, Cardozo apeló a una definición castrense para marcar su postura: «Soy soldado de Gustavo Valdés e iré al lugar que él y el partido definan».
La frase no es menor; ratifica que su terminal política sigue siendo el actual gobernador, quien lo sostuvo en una de las carteras más «cascoteadas» -como él mismo admite- de la gestión pública.
RELACIÓN CORDIAL
Respecto a su vínculo con el gobernador electo, Juan Pablo Valdés, el Ministro fue cauto, pero claro: aseguró que existe un trato «sumamente cordial y afable», aunque reconoció que todavía no se sentaron a hablar de organigramas ni de continuidad. «Creo que en algún momento se me va a convocar, no sé si para seguir, pero sí para dar un informe final de gestión», deslizó, dejando la puerta abierta a todos los escenarios.
EXPERTICIA POLÍTICA
Pero Cardozo no es solo un técnico médico; es un dirigente con territorio.
Durante la entrevista, se encargó de recordar el peso de su línea interna, El Ateneo, dentro de la estructura de la UCR. «Manejamos entre 30 y 40 bases en Capital y tenemos desarrollo en el interior», disparó, poniendo sobre la mesa los números finos: aportes decisivos de votos en Santa Ana, Pueblo Libertador y Paso de los Libres.
Un mensaje sutil para quienes arman el rompecabezas del próximo poder: el ministro tiene gestión, pero también tiene votos.
El legado en números y obras
Más allá de la coyuntura política, el paso de Ricardo Cardozo por el Ministerio deja una huella infraestructural que transformó la matriz sanitaria de la provincia. Estos son los hitos que definen su década al frente de la cartera:
La «épica» del Hospital de Campaña: fue el desafío más grande de la historia sanitaria reciente. Bajo la visión estratégica del gobernador Valdés, Cardozo ejecutó en tiempo récord (apenas dos meses) la transformación del viejo Hogar Escuela en un centro monovalente de 1.000 camas. Hoy, reconvertido en polivalente, sigue siendo una referencia regional pos pandemia.
Vanguardia oncológica: si el Cardiológico fue el faro del siglo XX, el Instituto Oncológico se proyecta como el del siglo XXI. Con equipamiento de radioterapia único en el país y tecnología alemana, posiciona a Corrientes en el «Top 5» de alta complejidad en Sudamérica, descentralizando la atención del cáncer que antes dependía casi exclusivamente de Buenos Aires.
Federalización y movilidad: la gestión rompió con el centralismo capitalino. Se destacan la creación del hospital pediátrico de Goya, las terapias intensivas en el interior y la modernización de quirófanos en Bella Vista y Saladas. A esto se suma la duplicación de la flota de ambulancias, clave para un sistema de derivación por complejidad creciente.
Soberanía con Plamecor: en tiempos de costos farmacéuticos disparados, la Planta de Medicamentos de Corrientes (Plamecor) se consolidó como un escudo para la atención primaria. Con una producción anual de 14 a 15 millones de comprimidos, garantiza el abastecimiento de tratamientos básicos (diabetes, hipertensión) en los centros de salud más vulnerables.
